Venezuela

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Una mirada al videoperformance en Venezuela.

Pancho López

Sólo vemos lo que estamos capacitados para ver.
Antonieta Sosa

En Venezuela, el panorama no fue muy distinto a lo que ocurrió en otros países vecinos. América Latina vivió una lenta transición tecnológica en la que gradualmente fueron llegando nuevos aparatos que convivían con añosas tecnologías que se negaban a despedirse del todo. De los formatos del cine pasaron a otros más pequeños, menos costosos, pero igual de complicados. Había que revelar y trabajar con cuidado cuadro por cuadro y sobre todo, no había la conciencia de conservación que existe en nuestros días.

Sin embargo, la historia del cine en Venezuela no se estrenó con el cinematógrafo –el invento de los hermanos Lumière– como ocurriera en la mayoría de los países del sur del continente, fue el Vitascopio, invento de Thomas Alva Edison, el que corrió a cargo de presentar las primeras vistas cinematográficas en el Teatro Baralt de la ciudad de Maracaibo.

El 11 de julio de 1896 los asistentes al teatro Baralt disfrutaron de la primera función pública de dicho aparato: películas muy cortas que al parecer fueron las mismas que integraron el programa de la exhibición del vitascopio en Nueva York: La serpentina, Baile de indios, Taller de herrería, Sorprendente juego de paraguas, así como una alegoría sobre la doctrina Monroe y otros títulos. Manuel Trujillo Durán fue el proyeccionista que manejó el vitascopio en la función inaugural del teatro Baralt.[1]

Meses después, a principios de 1897, en este mismo teatro se proyectaron las primeras imágenes en movimiento hechas en Venezuela. Los filmes que se presentaron fueron los cortometrajes Muchachos bañándose en la Laguna de Maracaibo[2] (min., 35mm) y Un célebre especialista sacando muelas en el Gran Hotel Europa[3] (min., 35mm) de cuya autoría se tienen dudas, aunque muchos atribuyen ambas a Manuel Trujillo Durán, quien fuera entonces contratado para operar el aparato.

Igualmente en 1897, otros personajes comenzaban a experimentar con este revolucionario invento y nombres como Ricardo Rouffet y Carlos Ruiz Chapellín resultan referencias de estas primeras inmersiones pues igualmente realizaron algunos cortometrajes en la ciudad de Caracas.

1913 resulta ser un año significativo para los terrenos de la cinematografía en Venezuela, puesto que Enrique Zimmerman y Lucas Manzano, filman La dama de las Cayenas[4] (60 min., 35mm) considerada la primera película de argumento en Venezuela. Se trata de una parodia del famoso libro de Alejandro Dumas “La dama de las camelias”, que fue protagonizada por el propio Lucas Manzano. Zimmerman se desempeñó como camarógrafo, montador y productor, haciendo también la dirección junto a Manzano.

Menos duración tuvo Don Leandro, el inefable[5] (12 min., 35mm) , una comedia divertida que estos directores presentaron en 1915. Luego Zimmerman filmó el documental La gira del progreso[6] (s/i, 35mm) mientras que Manzano por su parte, presentó Carnaval en Caracas[7] (min., 35mm). Ambos filmes fueron promovidos por el gobierno de la época, por lo que lograron atraer buena cantidad de público a las salas de proyección.

Para el año de 1931 Efraín Gómez presentó en Caracas la película La Venus de Nácar [8] (7 min., 35mm) para la cual se hicieron los primeros intentos de incluir sonido. En la trama, se puede ver a una mujer contando a su pequeña hija una leyenda sobre las perlas y una bella mujer que aparece en una concha nácar, pero la niña se duerme y no escucha el final.

La anécdota se desprende de la “fantasía aborigen” que una amorosa madre de la “alta sociedad” narra a su hija pequeña; historia que se desarrolla como la aventura de un pescador indio (sic) que montado en su curiara se interna en aguas del lago zafirino, y al cabo de mucho esfuerzo logra pescar una hermosa perla en su concha…tocada por el mágico dedo indígena, la perla se transforma en voluptuosa figura de mujer; imagen que nos refresca El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli, con el cuerpo semidesnudo y la gracia de la danza seductora. Indio y Venus en la arena plateada de la orilla, enlazan sus cuerpos como poseídos por el ritmo de la música. Hacia el final, por disolvencias, la perla del collar que pende del cuello de la madre vuelve a su forma originaria. Visto así, el tema principal de la película podría concurrir en la exaltación femenina como “emblema” erotismo y virtud. También propone la película que la “fantasía aborigen” se encuentra en la referencia a La Venus de Tacarigua, diosa indígena y símbolo de fertilidad.[9]

Siete años después, con el exitoso estreno del cortometraje Taboga[10] (), se logra hacer hablar a sus protagonistas, por lo que esta cinta dirigida y fotografiada por Aníbal Rivero y Carlos Ascanio, es la primera película sonora en Venezuela. Poco después se rueda El Rompimiento[11] (97 min., 35mm.) de Antonio Delgado Gómez, considerado como el primer largometraje sonoro en el país.

Amábilis Cordero también es conocido como un pionero importante del cine venezolano con sus películas Los milagros de la divina Pastora () y La cruz de un ángel () –ambas producidas en 1928– las cuales tuvieron bastante éxito entre los venezolanos. Aún siendo que tenían contenidos religiosos y sentimentales, el público las recibió con gran entusiasmo. Para 1930, Cordero había ya realizado algunos cortometrajes, pero la situación política del país y el gobierno dictatorial de Juan Vicente Gómez Chacón no fueron buenos momentos para este director, haciendo que su largometraje En plena juventud () quedara inconcluso. Para 1940 Amábilis Cordero igualmente se enfrentó a otra obra inconclusa, siendo que su largometraje Rosita la del valle () no pudo terminarse llevando a la quiebra a este productor. “Lleno de amargura y frustración, tuvo que abstenerse de finalizar el film y su empresa fracasó totalmente. Después de haber terminado un corto documental, Cordero se retiró y pasó su vejez con tristes memorias y completamente ciego”[12].

Las primeras décadas del cine en Venezuela fueron marcadas por una considerable cantidad de fallas técnicas que hacían que muchos filmes lucieran bastante primitivos. La producción cinematográfica en este país no tuvo gran auge debido a las condiciones a las que se enfrentó con un marcado subdesarrollo económico que no le permitió alcanzar el nivel de otras latitudes. Venezuela sufrió además las limitaciones políticas que trajo la dictadura Gomecista.

Hay que tener en cuenta que todos aquellos hombres maravillosos que hicieron filmes mudos, no contaron con verdaderos estudios de producción cinematográfica, no tenían proyectores adecuados y los aparatos de fotografía fílmica estaban en su mayor parte bastante deteriorados y gastados. La ausencia total de una ayuda sustancial por parte de los gobiernos de entonces, caracterizaron los esfuerzos de los pioneros del cine nacional como verdaderamente heroicos y abnegados. Las dificultades económicas y técnicas fueron enormes y la creatividad de los directores e intérpretes se vio limitada por estas mismas dificultades.[13]

A pesar de estas limitaciones, el cine en este país contó con grandes proyectos que abonaron en una historia propia. Un interesante ejemplo es el cortometraje Comenzó una mañana[14] (min., 35mm) dirigido por Antonio Bacé y producido por el Ministerio de Educación con el fin de advertir, desde una mirada científica, sobre los peligros de las enfermedades venéreas. Cabe señalar que las mujeres que participaron en este proyecto no tuvieron créditos para evitar se les persiguiera en la vida real. “Este largometraje es el único intento valiente que tocaba un tema científico-educacional”.[15]

Paso de la década de los 50. Uno de los más prolíficos cineastas venezolanos es el también poeta y dramaturgo Román Chalbaud. En su filmografía se cuentan al menos veinte películas que datan de 1959 al 2005. Sus primeros trabajo son Caín Adolescente[16] (120 min., 35mm) y Cuentos para Mayores[17] (100 min., 35mm), ambas producidas en los albores de la década de 1960. Pero, de toda su producción, su obra más conocida –considerada como una película de culto– es El Pez que Fuma[18] (120 min., 35mm) que narra la historia de un tugurio que lleva el mismo nombre, en el cual ocurren episodios relacionados al mundo de la noche: drogas, prostitución, dinero, violencia.

Otro destacado –y también prolífico– director es Clemente de la Cerda, cuyas películas se caracterizaron por hacer una constante denuncia pública de las problemáticas sociales en Venezuela. El mejor ejemplo es la cinta Soy un delincuente[19] (min., 35mm) que narra la historia de un muchacho quien, desde muy temprana edad, y bajo la mala influencia de vecinos y familiares, se enfrenta a la violencia de los barrios marginales caraqueños.

Soy un delincuente es una película del director venezolano Clemente de la Cerda, basada en la novela testimonial del periodista Gustavo Santander. Estrenada en 1976 fue un gran éxito de taquilla superando incluso a grandes producciones norteamericanas como Tiburón, y es considerada una de las películas más importantes dentro del movimiento llamado Nuevo Cine Venezolano.[20]

Existe un antecedente para Soy un delincuente, el cortometraje Cahuramanacas, una ciudad cualquiera de América Latina[21] (min., 35mm), un documental que le inspiró para hacer su largometraje tras ganar el Premio Municipal de Cine en 1973.

Si bien Clemente de la Cerda inició su carrera como director de cine en 1964, su mirada se vio trastocada por el entorno social y político de su época, observando de cerca las diversas capas de la sociedad. Produjo una serie de largometrajes de ficción que lo convierten en el cineasta más activo en ese lapso en Venezuela.

En esos tiempos frecuenta las zonas más pobres de las barriadas viendo y sintiendo de cerca la vida marginal a su alrededor, sus sufrimientos, mientras otros, más “afortunados”, lo hacían de una manera radicalmente diferente. En el barrio 18 de octubre conoce a José Jiménez. Para José, una cara nueva aparecía en la pandilla; era la de Clemente, el tímido joven venido de Puerto Cabello. Hacen sinergia enseguida y juntos se ponen estudiar en 1962 en el Instituto Venezolano de Estudios Cinematográficos IVEC, a cargo del actor Luis Salazar, compartiendo actividades de luchas sindicales y activismo político. Después de pasar ocho meses de su vida dedicados al estudio del teatro en la Universidad Central de Venezuela con el reconocido profesor Humberto Orsini, realiza algunos cursos de artes plásticas en la Cristóbal Rojas mientras los alterna con trabajos en el estudio de televisión Televisa -actual Venevisión- como técnico y ayudante de cámara. Su esfuerzo se nota enseguida y consigue escalar posiciones dentro del canal hasta llegar a ser director de programas musicales y telenovelas como “La telenovela criolla“ que protagonizó en aquel momento María Escalona y Américo Montero. Luego, con la llegada del VTR (Video Tape Record), se abren nuevas perspectivas en la carrera de Clemente de la Cerda quien opta por dejar de lado la televisión para incursionar en el mundo del cine haciendo cuñas publicitarias y cortos experimentales.[22]

Cabe resaltar en este breve recuento las películas realizadas por la cineasta Margot Benacerraf, quien dirigió en 1958 un film considerado como uno de los más importantes en la historia de la cinematografía venezolana bajo el nombre Araya[23] (90 min., 35mm), en el cual retrata una realidad social importante, por lo que ha sido calificada como una de las cinco películas más importantes de América Latina.

“Araya” es una antigua mina de sal natural ubicada en una península en el noreste de Venezuela que todavía estaba, en 1959, siendo explotada manualmente quinientos años después de su descubrimiento por los españoles. Margot Benacerraf captura en imágenes, la vida de los “salineros” y sus arcaicos métodos de trabajo antes de su definitiva desaparición con la llegada de la explotación industrial.[24]

Margot Benacerraf trabaja desde la mirada personal, sintiendo de cerca de los personajes y habitantes de la zona, su relación se torna demasiado subjetiva, por lo que logra hacer un retrato muy claro de la situación.

Se involucra con la comunidad de Araya, en el estado Sucre, y experimenta de cerca las rudas condiciones de vida y las penurias a las que este pueblo está sometido. Pasa muchas horas observando el medio ambiente, los individuos y su cultura, la interacción entre ambos, para así pasar a la construcción del guión y después prepararse para la filmación.[25]

Esta mujer, de origen sefardí, antes dirigió la cinta Reverón[26] (23 min., 35mm), en la cual se hace una revisión de la vida y obra del maestro Armando Reverón, uno de los pilares de las artes visuales en Venezuela. Le tomó poco más de dos años investigar y recolectar suficiente información sobre el pintor y su obra, con lo que logró realizar un documental que causó gran impacto en Caracas –por obvias razones– y es que en esa época las mujeres no figuraban en la escena cinematográfica. La cinta fue mostrada en el marco del Festival Internacional de Documentales de Arte en la Universidad Central de Venezuela.

Para los años sesenta y setenta, el cine venezolano comienza a experimentar con sus contenidos, siguiendo con el cambio de mirada que se vino dando con el paso de las décadas, dejando las narrativas convencionales y preciosistas para entablar un juego más directo con la realidad.

El cineasta Arturo Plasencia dirigió tres películas, entre ellas Twist y crimen[27] (min., 35mm), que por un lado tuvo un gran éxito en taquilla pero por otro fue censurada porque mostraba vicios y comportamientos poco aceptables para la sociedad; en la cinta se hablaba de homosexualidad y los abusos del alcohol y se mostraban escenas que algunos consideraban como una conducta anormal puesto que se veían bailes frenéticos –con strip-tease incluido– y otros excesos. Sus siguientes películas fueron Más allá del sexo[28] (80 min., 35mm) y Huyendo del sismo[29] (min., 35mm).

Arturo Placencia, el polémico director de Twist y crimen, fue típicamente contracultural durante toda su carrera. Realizó tres largometrajes de ficción: Twist y crimen (1963), Más allá del sexo (1967) y Huyendo del sismo (1971). A principios de los 70’ lideró una protesta en contra de la represión policial hacia los hippies, la cual denominó “La marcha de las flores”. En 1974, como los cines nacionales no programan sus producciones, se desnuda y corre a todo lo largo de la autopista Cota Mil. Lamentablemente, en 2004, pasó a ser una víctima más de la delincuencia.[30]

La metamorfosis[31] (51 min., 35 mm) es un mediometraje dirigido por Ángel Hurtado inspirado en el relato de Franz Kafka. Paralelo en siete[32] (min., 16mm) Es una película experimental inconclusa dirigida por Mario Mitrotti. Inmolación a Hamlet[33] (12 min., 35 mm) Experimental a cargo de los directores Mario Mitrotti y Antonio Constante.

En 1965, Mauricio Odremán Nieto presentó la cinta Efpeum[34] (31 min., 35mm), cuyo extraño nombre corresponde a las siglas “Estructura funcional para encontrarse uno mismo”. Cabe señalar que esta cinta es considerada como la primera película de ciencia ficción venezolana.

Sobre esta cinta, el propio Odremán escribe:

…En esos días terminé el rodaje de la película de ciencia-ficción. Cuando la estrenaron, en ese recinto siniestro llamado Cinemateca, no asistí en presencia física, pero desdoblado y desde el astral procuré escuchar los comentarios. –”La Película más loca del año”– dijeron algunos, pero nadie comprendió el asunto del arquitecto con su Estructura-funcional-para-Encontrarse-uno-Mismo. Todo el mundo se rió a carcajadas y al parecer, los espectadores se divirtieron mucho, de lo lindo; mi intención no había sido realizar un film cómico, pero así resultó y eso era el éxito. Nunca más supe de “Efpeum”, quedó en manos de los productores que la habrán enlatado y la tendrán debajo de un escritorio como hacen todos los negociantes de películas por estos lados del Atlántico…[35]

Existe una obra que resulta ser muy interesante para la comprensión del cine venezolano en relación a las artes, dirigida colectivamente por varios artistas, encabezados por Mario Robles y el pintor Jacobo Borges, Imagen de caracas[36], (min., 35mm) contó con un sinnúmero de colaboradores y en realidad fue un evento audiovisual de grandes dimensiones pues los espectadores fueron incorporados de manera activa al espectáculo, el cual incluía una costosa producción con escenografía móvil y automatizada con pantallas y cubos de luz proyectando un sinfín de imágenes que fueron empleadas para narrar la historia de la ciudad a cuatrocientos años de su fundación.

Los años setenta abrieron un periodo de experimentación interdisciplinaria muy marcada por el cuerpo, pues muchos artistas comenzaron a integrar discursos corporales a sus creaciones. Las tecnologías del momento permitían generar propuestas nuevas con el acceso que tuvieron a los formatos subestándar.

Un ejemplo muy claro de esto es el artista Diego Rísquez, quien pasó del teatro y la actuación al teatro de calle sin diálogos (participando con el grupo Tiempo Común de Hugo Márquez) a la experimentación multimedia. En 1971 conformó el colectivo Grupo Semilla, integrado por él, y sus compañeros de universidad Carlos Oteyza, Alberto D’Enjoy y Gonzalo Ungaro con el cual tuvo sus primeras inmersiones en las prácticas cinematográficas. Este grupo hizo la película sin diálogos Siete notas[37] (min., 16mm) en la que se presentan el mismo número de facetas de la vida de un joven perteneciente a la clase media caraqueña, papel protagonizado por Rísquez.

El Festival Internacional de Cine de Vanguardia Súper 8 de Caracas, organizado por Julio Neri y Mercedes Márquez, inició en 1976, siendo un importante escenario para mostrar creaciones audiovisuales del momento en pequeño formato. En este festival, Rísquez presentó su primer filme, llamado A propósito de Simón Bolívar[38] (min., Súper 8), en el cual mezcla la proyección Súper-8 con la actuación en vivo, logrando que se viera como si Simón Bolívar estuviera haciendo pipí. De inmediato el gobierno censuró la obra alegando falta de respeto a la figura del libertador.

Rísquez exploró los campos del teatro y el performance, documentaba sus acciones de diferentes maneras, usaba las tecnologías del momento entre ellas las fotocopiadoras e impresoras Xerox y la cámara Súper 8. Ejemplos de esto son los cortometrajes setenteros que realiza, muchos de los cuales son protagonizados por él mismo. En Radiografías de naturalezas vivas[39] (min., Súper 8) trabaja con elementos icónicos de la identidad venezolana como el cambur (plátano) y el queso blanco. En Poema para ser leído bajo el agua[40] (min., Súper 8), se narra –sin diálogos– la historia de amor entre una sirena y un hombre en una playa del mar caribe.

En 1978 presentó A propósito de la luz tropikal, homenaje a Armando Reverón[41] (min., Súper 8) inspirado en la obra de Armando Reverón, como mencionamos líneas arriba, uno de los grandes maestros del arte en Venezuela. Este cortometraje no narraba historia alguna, simplemente registraba la luz del trópico que Reverón recreó durante lo que él mismo llamó “período blanco”, concebido así gracias a la experimentación con dicho color en su pintura.

Algunos de estos trabajos eran elaborados para formar parte de piezas multimedia, ejemplo de esto es A propósito del hombre del maíz[42] (min., Súper 8), en el cual exhibió varios objetos conformando una instalación que estaba acompañada de la proyección en Súper 8. Este corto fue presentado en el Festival de Caracas a finales de los setenta, organizado por la destacada curadora y crítica de arte Margarita D’Amico.

A lo largo de la década de 1980 realizó varios largometrajes, destacando Bolívar, sinfonía tropikal (min., Súper-8 1980), Orinoko, Nuevo Mundo (min., Súper-8 1984) y Amérika, terra incógnita[43] (min., Súper-16 1988). Estas obras son conocidas como “Trilogía americana” o “Tríptico” y cabe destacar que fueron posteriormente ampliadas a 35 mm., e incluso llegaron a presentarse en el Festival de Cannes. En ellas se presenta una narración poco convencional de la historia y las mitologías de América, desde la llegada de Cristóbal Colón hasta cómo se dio un impacto de la conquista en el plano europeo.

Rísques tiene una vasta producción cinematográfica. A lo largo de la década de 1990, participó en la realización de cinco largometrajes venezolanos y se vio involucrado en varias producciones extranjeras. A mediados de esa década realizó veinticuatro cortometrajes en 35 mm dedicados a artistas plásticos venezolanos por encargo de la casa productora Cinesa, mismos que fueron proyectados como parte del noticiario de Bolívar Films.

Carlos Castillo es otro artista que tuvo una vasta producción en Super 8. Desde su cortometraje T.V.O.[44] (min., Super 8) –que critica la ­­­­­­­­enajenación que ha dejado la televisión– o la cinta de terror Uno para todos, todos para todos[45], hasta cintas como Sopa de pollo de mamá[46] (min. Super 8) y Matine 3:15 (1976), Carlos Castillo se burla de la sociedad de consumo. En esta última película, se simula una función de cine, con todo y sus pautas publicitarias, la cual presenta una historia que nunca se relata.

Hay varias obras de este director que incluyen al performance y la instalación en su concepción, por ejemplo La bandera[47] (min., Super 8) o De Castillete A. Reverón[48] (min., Super 8), que produce ya con una conciencia corporal muy clara, que incluso él mismo llama “interacciones Super 8-realidad” o “imagen-realidad”. Un claro ejemplo es la cinta experimental Intento de vuelo fallido[49] (min., Super 8) que presenta los registros resultantes al arrojar una cámara encendida desde lo más alto de un edificio. A Castillo le interesaba lograr que el público tuviera una participación activa al ver sus películas, por ello experimentaba con diversos formatos y posibilidades que dejaban atrás los métodos convencionales para hacer cine. Comienza a involucrarse igualmente con su propio cuerpo y genera la posibilidad para que el espectador adopte posiciones fuera de lo común.

Cuando es presentada en una galería, forma parte de una instalación que permite suspender en el aire al espectador deseoso de experimentar de esa manera la caída. Se trata de una continuación de sus intentos de hacer que el público tenga una participación diferente de la que el espectáculo cinematográfico comercial requiere de él, lo que en este caso incluye adoptar una posición que no es la habitual. El corto puede ser usado para ilustrar, irónicamente, la descripción que Noël Burch hace de la experiencia de ver cine como un viaje inmóvil, en el que el espectador es invulnerable a los peligros que están en la pantalla.[50]

Otro importante protagonista de esta historia es el artista y fotógrafo Claudio Perna, quien es figura clave del arte conceptual en Venezuela. Él solía hacer mapeos con fotografías y diapositivas directamente sobre los mapamundis, relacionando directamente la imagen presentada con el espacio indicado. Exploró las tecnologías de la época como la polaroid y la fotocopiadora, generando un importante cuerpo de obra haciendo mención de que esas copias, habiendo pasado por procesos electrográficos, se volvían originales.

Para 1969 produce su primera película llamada Yolanda[51] (min., Super 8). En 1970 se da a conocer un nuevo proyecto en el que presenta una serie de fotogramas al que titula “Fotos sin cámara” que fue publicado en una revista de la época y filma Expe I[52] (min., Super 8) con Margarita D’Amico. Los trabajos de Claudio Perna comienzan a cruzar los límites entre disciplinas que rebasan el collage y el ensamblaje, incorporando su propio cuerpo al uso de retroproyecciones y diapositivas y otros recursos audiovisuales en experiencias en vivo. Uno de los prolegómenos del videoperformance sería la pieza Tricolor[53] (1,11 min., Súper 8) presentada en 1979, en la que, en un plano detalle, va pintándose la boca con un pincel.

El momento del arte después de los sesenta, se vino a romper la idea del cuadro por un problema de la circunstancia, de las situaciones, del análisis del entorno, la gente comenzó a ver la vida, la tierra, las plantas, el cuerpo, el contacto; entonces esto dio pie a que los museos que en aquel momento no tenían nada que presentar desde el punto de vista pictórico, se abrieran a experiencias como la que presenté en el Museo de Arte Contemporáneo en el 76 donde yo me quitaba la ropa, proyectaba diapositivas sobre mi cuerpo y pasaba películas super 8 junto con diapositivas, era una manera de plantear una nueva realidad, yo no sabía si esto era genial o no era genial, pero era un hecho que rompía con la idea de llegar a ese mismo museo y ver una serie de cuadros sobre la pared, ahora esas experiencias que son inicialmente tentativas pero que uno las defiende porque uno lo siente, yo sentía que eso era importante, no sabía por qué pero yo creía que era importante y luché para que eso fuera así, eso me permitió seguir adelante en muchas investigaciones. Ahora en aquel momento fue visto de una manera muy bella pero no me dio dinero ni me dio gloria, me dio que sorprendía a la gente con esta experiencia porque el arte que uno practica, en las artes de los años sesenta, las artes del ambiente, del cuerpo, lo que fue llamado el land art, por ejemplo con esa spiral jetti en la que un hombre usa una máquina y un puño inmenso de piedras para hacer un espiral que no está pintada sobre la pared del museo, sino usando la corteza terrestre como soporte, como soporte de la investigación artística.[54]

Hay que resaltar la obra de Claudio Perna y artistas como Juan Loyola.

Considerada también como una las pioneras del arte en Venezuela, la obra de Antonieta Sosa tiene que ver con la observación de lo cotidiano. Además de una intensa actividad en el entorno del arte conceptual caraqueño, Antonieta Sosa gustaba de observar a las hormigas en la cocina de su casa, marcaba sus recorridos y establecía nuevos caminos al recolocar el alimento a centímetros de donde estaba originalmente, descubriendo la estrategia de estos insectos capaces de trazar nuevas rutas para llegar a su objetivo; inocentes observaciones que generan una pieza muy potente que hace una parábola de la realidad, como los latinos buscan y trazan sus propias rutas, nuevas metas que son resultado de la falta de oportunidades y el ingenio empleado para salir adelante. Hay que señalar la obra Amarillo azul y rojo al infinito.

Uno de los acontecimientos más impacto tuvo para desarrollar un ambiente propicio para el desarrollo del videoarte en Venezuela, fue la visita en 1975 de Charlotte Moorman (colega de Nam June Paik) quien asistió al primer festival de video arte coordinado por la periodista y promotora cultural Margarita D’Amico en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Para 1980, en una de las ediciones del Festival, Claudio Perna colabora haciendo lo que el llamaba “infiltraciones” en las que usaba su cuerpo y otros medios para generar obras multimediales.

Este festival abre una nueva etapa en la concepción del arte venezolano con una afluencia de público muy nutrida, pues la gente por primera vez puede ver en vivo lo que estaba aconteciendo en otras latitudes a nivel mundial

Para 1979 la misma curadora organiza la muestra de video del primer festival de caracas producida en la Universidad Central de Venezuela, donde se pudieron ver primeras experiencias locales con obras que incluían a la televisión y el arte corporal. Participaron Sonia Sanoja, Diego Rísquez, Carlos Zerpa

De Carlos Zerpa hay obras super importantes como Señora Patria, sea usted bienvenida (1979) o la pieza Go Go Radio Performance.

Rolando Peña hizo el filme Diálogo con el Che, en el que actuó. Otra obra es Tocata y fuga en barril mayor, El barril de Dios, Modelo Estándar de la Materia, tributo al siglo XX, 6 Performances.

La artista Consuelo Méndez tiene conocidas piezas como Ritual de limpieza, La vaguada, Muñequita. Otro importante es Ignacio Pérez con obras como Huelga Internacional del Arte de Performance, Sin Titulo (Sinfonía Matador), Just meditate it, Caminata por Venezuela, las obras The biped dream 1 y The biped dream 2.

Amira Tremont es interesante la pieza una pieza + un cuerpo

Importante reseñar obras de Erika Ordosgoitti, tales como Comida de moscas, Corra, Me abro la cabeza, NADA, error del control de calidad, herederos de una caldera de vergüenza

De Ani Villanueva hay que ver las obras Cuadro móvil, Boa parte 2, PRIMER COMUNICADO FRENTE MM

Importante la obra de la artista Déborah Castillo.

Radicado en la ciudad de Guatemala, el artista venezolano  Decena ha desarrollado un interesante cuerpo de obra trabajando con temas sobre la identidad y la pertenencia.

La artista mexicana Erika Mayoral curó la muestra (UTC -4:30) un acercamiento al performance de Venezuela en 2013 a partir de su participación en el festival PerfoChoroní en la que conoció a varios artistas venezolanos, lo que se juntó al viaje de Alexander Escalona quien vendría a México, tras lo cual propuso a la Academia de San Carlos (UNAM) realizar una muestra de artistas en vivo, en video y en diferido en la que participaron Antonieta Zerré, Adriana Rondón Rivero, Carlos Salazar Lermont, Erika Ordozgoitti, Ignacio Pérez Pérez, Jidu Barrios, Lino Rojas y Alex Tarán, Natalia Rondón, Nelvis Acosta Bravo, Frank Trejo, Fidel Pirona, Max Provenzano, Aidana María Rico, Colectivo Sutracorporal, Narvis Bracamonte y Pedro Pez.

 — Agradezco a Max Provenzano por su colaboración especial para escribir este texto —

 

[1] Francisco Albornoz, Los orígenes del cine en Venezuela. Parte I en Iconos de Venezuela (14 Marzo 2012). http://www.iconosdevenezuela.com/?p=16191. Consultado el 13 de septiembre de 2017.
[2] Muchachos bañándose en la Laguna de Maracaibo. Director: Manuel Trujillo Durán. Venezuela, 1897.
[3] Un célebre especialista sacando muelas en el Gran Hotel Europa. Director: Manuel Trujillo Durán. Venezuela, 1897.
[4] La dama de las Cayenas. Directores: Enrique Zimmerman y Lucas Manzano. Venezuela 1913.
[5] Don Leandro, el inefable. Directores: Enrique Zimmerman y Lucas Manzano. Venezuela 1915.
[6] La gira del progreso. Director: Enrique Zimmerman Venezuela 1917.
[7] Carnaval en Caracas. Director: Lucas Manzano. Venezuela 1918.
[8] La Venus de Nácar. Director: Efraín Gómez. Venezuela, 1931.
[9] Tomado de http://historiasdemaracay.blogspot.mx/2012/09/la-venus-de-nacar.html. Consultado el 11 de diciembre de 2017.
[10] 1938
[11] El rompimiento. Director: Antonio Delgado Gómez, Venezuela, 1939.
[12] Tomado de http://visor.com.ve/breve-historia-del-cine-venezolano-por-jacobo-brender-1977/ Consultado el 11 de diciembre de 2017.
[13] Tomado de http://visor.com.ve/breve-historia-del-cine-venezolano-por-jacobo-brender-1977/ Consultado el 11 de diciembre de 2017.
[14] Comenzó una mañana. Director: Antonio Bacé. Venezuela,
[15] Tomado de http://visor.com.ve/breve-historia-del-cine-venezolano-por-jacobo-brender-1977/ Consultado el 11 de diciembre de 2017.
[16] Caín adolescente. Director: Román Chalbaud. Venezuela, 1959.
[17] Cuentos para mayores. Director: Román Chalbaud. Venezuela, 1963.
[18] El pez que fuma. Director: Román Chalbaud. Venezuela, 1977.
[19] Soy un delincuente. Director: Clemente de la Cerda. Venezuela, 1976.
[20] Tomado de https://www.youtube.com/watch?v=QidFEKaCjRw. Consultado el 10 de diciembre de 2017.
[21] Cahuramanacas, una ciudad cualquiera de América Latina. Directores: Clemente de la Cerda y Mauricio Odremán. Venezuela, 1973.
[22] Tomado de http://museodigitaldechichirivichefalcon.blogspot.mx/2015/04/personajes-de-chichiriviche-clemente.html. Consultado el 10 de diciembre de 2017.
[23] Araya. Directora: Margot Benacerraf. Venezuela, 1959.
[24] Tomado de http://www.imdb.com/title/tt0051372/?ref_=fn_tt_tt_1. Consultado el 10 de diciembre de 2017.
[25] Tomado de https://festivalmtd.wordpress.com/2014/01/16/343/. Consultado el 8 de febrero de 2018.
[26] Reverón. Directora: Margot Benacerraf. Venezuela, 1952.
[27] Twist y crimen. Director: Arturo Plasencia. Venezuela, 1963.
[28] Más allá del sexo. Director: Arturo Plasencia. Venezuela, 1967.
[29] Huyendo del sismo. Director: Arturo Plasencia. Venezuela, 1971.
[30] Félix Allueva. Tomado de Los Clipers y Nancy Morillo, Memoria Rock en http://www.cervezazulia.com/memoria-rock-los-clipers-y-nancy-morillo/. Consultado el 11 de diciembre de 2017.
[31] La metamorfosis. Director: Ángel Hurtado. Venezuela, 1962.
[32] Paralelo en siete. Director: Mario Mitrotti. Venezuela, 1964.
[33] Inmolación a Hamlet. Directores: Mario Mitrotti y Antonio Constante. Venezuela, 1968.
[34] Efpeum (Estructura funcional para encontrarse uno mismo). Director: Mauricio Odremán Nieto. Venezuela, 1965.
[35] Mauricio Odremán Nieto. “El Día en que todo haga Paff”. 1973
[36] Imagen de Caracas. Directores: Mario Robles, Jacobo Borges, Juan Pedro Posani, Josefina Jordán, Manuel Espinoza, entre otros. Venezuela, 1968.
[37] Siete notas. Director: Carlos Oteyza. Venezuela, 1971
[38] A propósito de Simón Bolívar. Director: Diego Rísquez. Venezuela, 1976.
[39] Radiografías de naturalezas vivas. Director: Diego Rísquez. Venezuela, 1977.
[40] Poema para ser leído bajo el agua. Director: Diego Rísquez. Venezuela, 1977.
[41] A propósito de la luz tropikal, homenaje a Armando Reverón. Director: Diego Rísquez. Venezuela, 1978.
[42] A propósito del hombre del maíz. Director: Diego Rísquez. Venezuela, 1979.
[43] Amérika, terra incógnita. Director: Diego Rísquez. Venezuela, 1988.
[44] T.V.O. Director: Carlos Castillo. Venezuela, 1979.
[45] Uno para todos, todos para todos. Director: Carlos Castillo. Venezuela, ______.
[46] Sopa de pollo de mamá. Director: Carlos Castillo. Venezuela, 1981.
[47] La bandera. Director: Carlos Castillo. Venezuela, 1983.
[48] De Castillete A. Reverón. Director: Carlos Castillo. Venezuela, 1989.
[49] Intento de vuelo fallido. Director: Carlos Castillo. Venezuela, 1982.
[50] Tomado de http://desistfilm.com/carlos-castillo-y-el-cine-venezolano-de-vanguardia-en-super-8/. Consultado el 8 de diciembre de 2017.
[51] Yolanda. Director: Claudio Perna. Venezuela, 1969.
[52] Expe 1, Director: Claudio Perna. Venezuela, 1970.
[53] Tricolor. Director: Claudio Perna. Venezuela 1974.
[54] Entrevista realizada por Zuleiva Vivas a Claudio Perna en Cuba en 1996. Tomado de https://www.youtube.com/watch?v=AQGnEcGaoVw. Consultado el 9 de diciembre de 2017.