Ecuador

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Una delgada línea roja: el videoperformance en el Ecuador

La idea y el actor soy yo mismo
Jenny Jaramillo

Hay algunos indicios del cine ecuatoriano con películas que se realizaron a principios del siglo pasado en este territorio. Cintas que fueron realizadas por personas que comenzaron a observar en el cinematógrafo, un invento que revolucionaría la forma de ver y entender el mundo. La investigadora quiteña Wilma Granda Novoa realizó agudos estudios en los que afirma que en 1906:

El italiano Carlo Valenti, empresario transeúnte del cinematógrafo, llega a Guayaquil, donde filma y exhibe los primeros registros cinematográficos en Ecuador: Amago de incendio, Ejercicio del Cuerpo de Bomberos, Procesión del Corpus en Guayaquil. Su retrato y la propaganda del cinematógrafo Valenti constituyen las primeras imágenes de fotograbado en el flamante diario El Comercio de Quito. En esta ciudad, exhibe: Vistas del Conservatorio Nacional de Música y Festividades del 10 de agosto.[1]

Como en todos los países latinoamericanos, cortometrajes como estos contituyen los prolegómenos del cine; bellas estampas que retratan el acontecer diario de una época, las andanzas comunes de los protagonistas urbanos y campestres en escenas de la ciudad y/o bucólicos paisajes, además de reproducir quehaceres cotidianos.

Para entablar una entrada a estos terrenos audiovisuales habría que remontarse a la historia contada por sus primeras cintas nacionales. Los registros iniciales datan de la década de 1920, cuando se estrenaban películas en los teatros de Guayaquil y Quito en el amo de 1924. El primer filme silente El tesoro de Atahualpa[2] (60 min., 35mm) dirigido por Augusto San Miguel, tenía un argumento costumbrista abordando ambientes locales y algunos aspectos de la leyenda de un desaparecido tesoro inca del cual sólo existía un misterioso mapa y muchas leyendas. Este filme tuvo una importante característica: que su reparto había sido conformado exclusivamente por artistas ecuatorianos y fue protagonizada por el mismo Augusto San Miguel.

Otras destacadas obras de este actor y director fueron Panorama del Ecuador (min., 35mm), Un abismo y dos almas[3] (min., 35mm) y Se necesita una guagua[4] (min., 35mm), destacando esta última como una parodia que generó fuertes controversias entre el público de la época.

Anunciada como la primera película cómica hecha en el país, fue rodada en plazas y calles de Quito, parodia de un conato de revolución conservadora. Guagua es un quichuismo que significa niño y el título de la película alude al hecho de que el Coronel Lasso reclutó a mujeres campesinas que llevaban a sus niños en las espaldas.
Cuando se estrenó en el Eden el 7 de Febrero de l925 causó mala impresión por lo controvertido del tema. Se anunció como una sanción para aquellos hacendados crueles con los indios y el público reaccionó desfavorablemente por prejuicios ancestrales. La crítica se mostró especialmente malévola; además, como en la película se presentó despectivamente a los propietarios de hacienda, muchos la consideraron subversiva, obra de un bolchevique peligroso.[5]

Otro film emblemático es el de Carlos Crespi llamado Los invencibles Shuaras del alto Amazonas[6] (17 min., 35mm), considerado como el primer documental etnográfico de toda Sudamerica, en el cual se aprecian rostros, costumbres y hábitos de vida de los Shuaras. Este material estaba fuertemente dañado por el paso de los años, afortunadamente fue restaurado en 1995.

Recreación del primer filme etnográfico del país sobre los Shuaras realizado en 1926. El sacerdote italiano Carlos Crespi, el camarógrafo Carlo Bocaccio y el fotógrafo ecuatoriano Bucheli filman los avatares del trabajo misional salesiano con comunidades indígenas del Oriente. La recreación de 1995, reconstruye siete primeros minutos de la película original y, con filmes de época y posteriores, recrea costumbres como la caza, pesca y la fiesta de la tzantza. Se usa el guión original de Crespi, fotografías y documentos del Archivo Histórico Salesiano.[7]

Una de las primeras películas experimentales ecuatorianas es El terror de la Frontera[8] (5’30 min., 9.5mm), filmada por Luis Martínez Quirola a finales de los veinte con una cámara Pathé baby[9]. La película comienza con vistas de las ciudades de Guayaquil y Quito. En este cortometraje se narran diversas historias de un hombre que se involucra con la hija de un terrateniente y al mismo tiempo con una prostituta, una tormentosa historia de amor con un sinfín de escenas de tiroteos ecuestres y disputas entre hombres por el poder y las mujeres. Esta película tuvo una fuerte influencia de los westerns de Estados Unidos, y para hacerla, su director empleó recortes de imágenes que montó directamente sobre un filme texano de la misma época.

En 1959, el pintor y dramaturgo guayaquileño Eduardo Solá Franco realiza Encuentros imposibles[10] (7’38 min., 8mm) que fue grabada en una playa española en donde el autor exhibe a los personajes recurrentes de sus propias pinturas y convoca a sus amigos para que participen como actores del absurdo. Los personajes realizan una serie de actos en la arena, en los riscos, entre las piedras a la orilla del mar, en particular abundan las escenas homoeróticas. Las secuencias se presentan desarticulas, un aparente sinsentido donde la una lleva a la incongruencia de la otra.

El universo de varios de sus cortometrajes es […] fantástico. Una característica presente ya en la más antigua de sus obras cinematográficas recuperadas, Encuentros imposibles, rodada en las playas de la localidad barcelonesa de Sitges. Se trata de una fantasía de tinte sexual que relaciona a tres hombres y dos mujeres. Su protagonista es un joven ataviado en todo momento exclusivamente con un bañador, David Morais, amante entonces del artista, que cae muerto, desplomado por el peso de una mujer desmayada a la que probablemente deseaba raptar. Los restantes hombres se precipitan sobre su cadáver y le arrancan las vísceras. Su cuerpo, depositado sobre la arena del mar resucitará, para, a modo de Siegfried, despertar a una doncella dormida, con la que se adentra, al término de la obra, en el mar.[11]

Solá Franco realiza varios cortometrajes que en su construcción se acercan demasiado a lo que hoy conocemos como performance, presentando en ellos a un solo protagonista, regularmente algún hombre, en diferentes stuaciones. Ejemplo de ello son obras como Don’t Kick the Objects… Please[12] (2’ 31 min., 8 mm) y una nueva versión de la misma cinta pero llamada en español No patear los objetos, por favor[13] (8’55 min., Super 8); o Boy Bored in the Beach[14] (1’48 min., 8 mm). Una docena de filmes experimentales conforman la obra cinematográfica de este artista, que gracias a su acomodada posición social, pudo viajar y producir en diferentes formatos de inscripción.

Las características cosmopolitas, homoeróticas y culteranistas de su universo pictórico y gráfico se encuentran presentes, asimismo, en su faceta cinematográfica. Un corpus, tanto en extensión como temáticamente, inédito en el arte ecuatoriano de su generación.[15]

Para 1988, el realizador José Tobar produjo el videoclip Hombre[16] (4’34 min., vídeo) en el cual se pueden ver varias secuencias en las que aparecen jovencitas haciendo perfectas coreografías mezcladas con escenas de barbería que hablan de la masculinidad. Lleno de clichés machistas y violencia, se trata de un video –retrato social– en el que se hace una crítica acerca de la falta de verdaderos líderes a quien seguir y la crisis de valores en su país. Este video fue rescatado y remasterizado por Arte Actual Flacso[17] en 2007.

Paco Cuesta, reconocido director, realizó en 1982 el filme Adán y Eva en el paraíso de Judith Gutiérrez[18] (6’30 min., 16mm) que se ha convertido en uno de los eslabones del audiovisual experimental ecuatoriano. En éste se hace un recorrido por la obra de la famosa pintora ecuatoriana Judith Gutiérrez; el colorido universo de esta artista originalmente se logró ver reflejado gracias al extraordinario trabajo de animación y sincronización sonora. Lamentablemente, con el paso del tiempo la película original, a causa del deterioro, perdió los fuertes colores de la pintura de Gutierrez y hoy sólo puede verse en blanco y negro.

Por su parte, el cineasta Miguel Alvear presentó en 1990 el filme Amina mar[19] (2’41 min., Super 8) cuya base originalmente fue grabada en super ocho y sin sonido, a partir de un viaje que hizo con su hija quien visitaba por primera vez el mar en California. Esta película fue enterrada por un tiempo, posteriormente editada y transferida a 16 mm en 2002 de forma casera, explorando el desgaste producido sobre la emulsión por el paso de los años. Dos décadas después, este mismo director produjo Camal[20] (min., ), un diario de escenas cotidianas que se viven en la plaza del Mercado Empresa Municipal del Rastro (plaza también conocida como Camal) en Quito. Esta obra, muy a la manera del expresionismo alemán, transmite las emociones de los matadores y de los animales sacrificados (cientos de reses, cerdos, corderos y otros animales, alimento para una gran parte de la población quiteña).

Resulta imprescindible mencionar el film Blak Mama[21] (95 min., 35mm) que en 2008 produjeron Miguel Alvear y Patricio Andrade a partir de un viaje iniciático en el que los protagonistas deciden rendir tributo a una misteriosa deidad andina, por lo que en la trama se ven escenas de fiesta religiosa: la ofrenda, las danzas Takis y otras ceremoniales indígenas ancestrales. Un largometraje de ficción que hace un performático sincretismo.

En proyectos más recientes, Alvear continúa explorando los procesos de identidad y la influencia indígena que aún permea la sociedad ecuatoriana. Un ejemplo de ello es De como se daban poco estos indios de haber las mujeres vírgenes[22] (9’41 min., video) o Acordaron pues que Atabalipa muriese, tratando entre sí que muerto Atabalipa se acababa el auto hecho acerca del tesoro[23] (8’46 min., video) ambas de la serie “Crónicas, reloaded”, un conjunto de videos basado en Crónica de Indias de Pedro Cieza de León.

Ya en épocas más actuales, el documental Augusto San Miguel ha muerto ayer[24] (45 min., 35mm) del cineasta Javier Izquierdo, indaga sobre la desaparición de los rollos de las películas de San Miguel y la confusión en el año de su muerte. Es una obra llamativa y sobre ésta, en la página web Ostinato se comenta: “en la segunda década del siglo pasado, el guayaquileño Augusto San Miguel (1905-1937) dirigió, produjo y protagonizó las primeras películas de ficción realizadas en el Ecuador. Desgraciadamente las películas de San Miguel -como varios episodios de su vida- se perdieron en el tiempo. Lo único que queda de su producción cinematográfica son los anuncios en los diarios de la época, así como una misteriosa leyenda, según la cual fue enterrado con sus películas.”[25]

En el Ecuador, desde los años setenta existen evidencias de usos creativos y experimentales del video en el campo del arte que han tenido una vida espectral. En 1976 llegan las primeras Porta-Pack, grabadoras de video analógicas de cinta abierta de 9 pulgadas. En Quito, Gustavo Corral y Alfredo Breihl empiezan usarlas con finalidades artísticas, ambos cineastas influenciados por el canadiense Norman McLaren, experimentan con efectos audiovisuales.[26]

Como sucede en otros países de América Latina (Baigorri 8), el videoarte ecuatoriano ha sido un escenario para la introducción del propio cuerpo del artista como materia significante y disparador político de la práctica artística. Como parte de este proceso, el video facultó ir más allá de la representación escultórica y pictórica para introducir trazos de lo real que deja el cuerpo sexuado. El videoarte surge paralelo a los discursos sexo-genéricos, permitiendo a las artistas mujeres y a los artistas gais introducir una inflexión en los discursos predominantes del arte ecuatoriano, que aún permanecían presos de una hegemonía de lo pictórico; y por el otro lado prevalecía un fuerte componente masculino y heterosexual hasta los años noventa.

El primer video experimental que se realiza en el Ecuador viene desde la práctica musical. Para ilustrar su canción Sueño circular, Hugo Idrovo junto a Andy Holst interviene con tintas, estiletes y calor diapositivas y radiografías. El resultado fue proyectado sobre superficies irregulares, luego capturado en video y editado en una Tascam de 4 canales; proceso en el que nuevamente las imágenes fueron deconstruidas. La obra hoy es un mito urbano, original y copia se borraron del mapa. Durante más de una década será el videoclip el único formato sobre el que se aventuraren estéticas alternativas.[27]

Detonantes diversas han impulsado a los videoartistas del Ecuador hacia el uso de esta modalidad expresiva como una vía distinta para construir un lenguaje plástico. Mientras unos parten de una pueril novelería por descubrir las posibilidades del ejercicio audiovisual, otros lo asumen como un presupuesto de la cultura visual contemporánea que ejerce especial interés en su joven mirada, para algunos más consiste un exorcismo a sus fobias, para otros un filtro que los distancia del ojo inquisidor del espectador. Están quienes lo usan como una herramienta que les permite enfatizar los estados de ánimo y el espacio-tiempo de sus acciones o que potencia una actitud crítica hacia la representación y su consumo en los medios de comunicación masivos. Pasan también los autores para mostrar un “hacer” que refleje el carácter fraccionado de las narrativas clásicas, además las capacidades mágicas del soporte para reproducir procesos mentales; por ejemplo: el movimiento como metáfora de la memoria o el artificio que induce a asumir una postura frente a lo que se observa.[28]

Los cruces entre disciplinas han dado como resultado una importante camada de artistas que trabajan desde las convergencias entre el performance y las posibilidades que brindan los lenguajes digitales. Hay un buen número de artistas trabajando con videoarte, ya sea videoperformance, videoinstalación, videodanza, videoretratos o videopoesía, nuevos y complejos híbridos han tomado lugar en la escena contemporánea del Ecuador.

Una importante protagonista del videoarte ecuatoriano es, sin duda, la gestora e investigadora María Belén Moncayo, quien se dio a la tarea de recopilar, organizar y clasificar información valiosa en torno al videoarte y a la video creación en su natal Ecuador. Esta tarea primero recibió el nombre de Archivo Escoria, en honor a la cantante vernácula mexicana Paquita la del Barrio, y posteriormente fue llamado Asociación Archivo Nuevos Medios Ecuador (AANME). Moncayo es una gestora de tiempo completo, ha realizado un gran número de curadurías e investigaciones sobre arte electrónico; produjo un importante libro sobre la vieocreación ecuatoriana entre 1929 Y 2011, en su versión tanto impresa como digital, ésta última en constante actualización que permite encontrar fácilmente datos acerca de piezas pioneras del audiovisual, así como los trabajos actuales de muchos creadores.

Sobre esto, la investigadora española Laura Baigorri comenta:

Actualmente, en Ecuador se da una situación privilegiada en el territorio del audiovisual porque cuenta con la entusiasta labor de unos creadores emergentes cuyo trabajo se caracteriza por la experimentación, la inteligencia, la intuición creativa y la capacidad crítica, pero también por el voluntarismo con el que desarrollan sus proyectos, generalmente sin ningún tipo de apoyo institucional.
En su deseo de darse a conocer en su propio país y obtener visibilidad en la escena artística internacional, los críticos y artistas ecuatorianos están utilizando Internet como herramienta de difusión de sus proyectos e ideas. Uno de los esfuerzos más representativos en este campo es el llevado a cabo por la curadora Maria Belén Moncayo en el Archivo Escoria, Nuevos medios Ecuador, transformado recientemente en la AANME (Asociación Archivo Nuevos Medios Ecuador), donde se ocupa de documentar y archivar las obras audiovisuales de artistas nacionales y extranjeros que viven en el Ecuador y de artistas ecuatorianos que viven fuera del país.[29]

En Ecuador hay importante espacios de validación destacando por mucho la Bienal de Cuenca, así como el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) y Arte Actual Flacso, además de espacios independientes como La Multinacional y el Espacio No Lugar – Arte Contemporáneo, que ofrecen residencias artísticas de producción creativas. Es verdad que el videoarte cuenta con larga trayectoria, con nombres de destacados artistas que han aportado innumerables piezas fundamentales para comprender este tipo de propuestas.

Un importante referente en este campo es la artista Jenny Jaramillo, cuya obra es sumamente crítica en torno a las temáticas de género. Relaciona su propio cuerpo con aspectos sociales utilizando el proyector de video como un elemento compositivo en sus obras. La artista proyecta sobre su cuerpo generando un escenario delimitado por la videoproyección donde de alguna manera la acción en vivo se mimetiza con lo que se proyecta. Un ejemplo de ello es la obra llamada Ve-ró-ni-ca[30] (25 min., video) en la que mezcla imágenes de un performance hecho originalmente en vivo por la artista con proyecciones de video de un torero con su capa, todo esto en un paisaje andino. Logra hacer referencias de su cuerpo femenino con el cuerpo del toro, hablando de la relación hombre-mujer, de los límites y contextos machistas, a partir de una propuesta autorreferencial.

En 1999, en el marco de la Residencia Internacional Rijksakademie Van Beeldende Kunsten en Amsterdam, Holanda, Jenny Jaramillo llevó a cabo una serie de ejercicios para la cámara sin ponerles nombre alguno. En uno de ellos, Sin Título[31] (3’55 min., video) trabajó directamente sentada sobre un banco, portando solamente unos suecos amarillos y un cigarro de marihuana; su cuerpo desnudo con bruscos y espontáneos movimientos contrastaba con la música tropical de fondo. En otro ejercicio Sin Título[32] (4’56 min., video) rompe con los estereotipos femeninos poniendo en relación su pecho al descubierto con una blusa floreada que está quemada y razgada, igualmente en contraste con el paisaje caribeño del fotomural a sus espaldas. En estas obras se deja ver un cuerpo fragmentado, que cuestiona la esencia femenina, la fragilidad, los límites, lo opuesto.

Durante otra residencia artística, esta vez en Portovelo y Zaruma (Ecuador) en junio del 2015, Jaramillo produjo el videoperformance Tea five o’ clock[33] (8 min., video) en el que permanece estática sobre una silla portando una chaqueta y un casco, casi inmovil, en este video cada mínimo movimiento se convierte en metáfora a partir de un archivo fotográfico que pudo consultar. Sobre esto comenta: “…mi trabajo comprende una serie de collages que tienen como referente las imágenes fotográficas de archivo. Mediante procedimientos de copia, yuxtaposición y montaje, me interesa tensar los modos de representación que encarnan en el archivo, y aludir al rol confinado de los cuerpos femeninos en un espacio marcadamente jerarquizado y masculinizado”.[34]

Otro nombre multicitado en Ecuador es el de la artista Saskia Calderón, quien ha profundizado en el estudio del sincretismo cultural y el impacto que han tenido las tecnologías y el consumo en la sociedad contemporánea.

Para el videoperformance Requiem huao[35] (2 min., video), la artista Saskia Calderón se inspira en los cantos funerarios de la cultura amazónica ecuatoriana. En la obra, Calderón canta ante la cámara con la cara pintada con tintes vegetales y peinada a la usanza de la comunidad Huaorani, contrastando con un vestido moderno y accesorios con los que hace evidentes las diferencias culturales y sobre todo la amenaza que enfrentan estas etnias ante la globalización y el desenfrenado consumo capitalista. Por otro lado, y manifestándose una preocupación similar, en el video Sinfónica Mocha[36] (4’12 min., video), Saskia Calderón interpreta una canción acompañada por la Banda Mocha, que es muy conocida en algunas regiones con predominancia negra en el Ecuador. Lo particular de este video, es que la imagen es presentada en negativo, invirtiéndose los colores de la piel y la ropa de los participantes, ofreciendo una reflexión acerca de lo negro y lo blanco tanto en lo académico como en la vida cotidiana.

Karina Aguilera Skvirsky es otra artista ecuatoriana radicada en Estados Unidos quien trabaja con temas relacionados a lo femenino. Por ejemplo en su pieza La ruta del sol: tacos[37] (5’27 min., video) hace una crítica sobre temas de género, relacionados a los arquetipos del turismo y la migración. En el video la artista camina con zapatos de tacón por la playa, haciendo un comentario en torno a que las mujeres deben estar siempre maquilladas y bien vestidas.

En Antojo[38] (4’33 min., video) la artista recita el poema homónimo del reconocido poeta Adalberto Ortiz, mismo que su madre le enseñó cuando niña y el cual aborda los peligros de mezclar las razas, examinando estereotipos raciales de su identidad Afro-ecuatoriana. La acción se acompaña con fragmentos del himno nacional ecuatoriano. La obra de Skvirsky hace una revisión de problemas de género y raza, de migración y equidad.

Patricio Ponce Garaicoa es un artista que ha trabajado descolocando las narraciones convencionales a través de gestos performáticos. Uno de sus trabajos más reconocidos es …. , en el cual logra subvertir la imagen de un billete de dólar estadounidense interviniendo el rostro de …. para generar un comentario sobre el poder de esta divisa internacional.

En la Serie UFO presenta Encuentro cercano[39] (1’11 min., video) en la que presenta a dos aliens que se besan justo enfrente de la escultura de la mitad del mundo

El Colectivo LBM (La Banda Mota), conformado por los artistas Yoko Jacome, Danilo Zamora y Patricio Ponce,

Desde otras posiciones podemos hablar del trabajo realizado por el colectivo Pacha Queer, integrado por jorge y maiko –mejor conocidos como Coca y Mota– quienes en su propio departamente tienes un espacio de disidencia sexual y corporal y han sabido transgredir las fronteras del comportamiento socialmente aceptado revisando los límites de la sexualidad heteronormada.

La increíble transformación de Víctor en el Ahuizote (2001-2003) de Fabricio Cajas, un falso documental que con ironía recrea el surgimiento de un héroe masculino mexicano que defiende a los migrantes de la explotación laboral en España. En off se escuchan los testimonios de varias personas, mientras en cuadro se observa a un hombre que se corta el cabello, se pinta la cara y realiza una serie de ejercicios de preparación física y espiritual que lo llevarán a transformase en el “Ahuizote”. Este apelativo, que significa “perro de agua” o “número nueve”, hace alusión a una parábola mítica poscolonial según la cual vendrá un superhéroe a castigar con nueve azotes y un soplo de chile a los empresarios que pagan mal y se aprovechan de los migrantes del Tercer Mundo. A medio camino entre la ficción y la realidad, entre la lógica de la apropiación y el pastiche, el video comenta críticamente la situación laboral del migrante que es sometido a una cadena de maltrato y explotación que lo privan de su masculinidad.

Lo obsceno del amor propio de Adrián Washco es un video sencillo y a la vez provocador. Se basa en la idea de la imagen de un hombre frente al espejo. A través de una manipulación digital se duplica e intersecan dos imágenes de un rostro masculino de perfil, la fusión de ambas imágenes simétricas e idénticas crea un ser monstruoso, la boca se transforma en una especie de ano siniestro que danza al ritmo de una música ambiental. En este video de Adrián Washco trabaja el tema del narcisismo y cómo la imagen de uno mismo puede volverse obscena y monstruosa. Personalmente, me recuerda la reflexión freudiana que asocia el narcicismo a la agresividad primaria que rechaza la presencia de otro (Freud, 1987, p. 83).

Sin título / sin principio, sin fin (1998) de Santiago Reyes es un registro de un performance para el cual el artista convocó a través de medios de comunicación de París, como radio y prensa; a chicos gais para realizar una acción. La acción consistía en realizar una cadena de besos entre sujetos desconocidos anudados por la orientación de su deseo. El video constituye un solo plano secuencia de 28 minutos de duración filmado en un ambiente bucólico que evoca la pintura romántica. A orillas del pequeño arroyo, con el ruido ambiente del agua corriendo, ingresan alternativamente por uno y otro costado del cuadro un conjunto jóvenes que forman parejas momentáneas para besarse frente a la cámara. Quien ingresa primero, besa al que llega y abandona el cuadro, el segundo espera que llegue un tercero y abandona el cuadro. La obra puede ser leída como un comentario audiovisual y homoerótico a los ideales del romanticismo que pone en discusión una serie de temas asociados a la identidad gay en una especie de búsqueda de comunidad a través del contagio del deseo, estamos en presencia de las denominadas “multitudes queer” (Preciado, 2003, p. 3).

Cuerpo suspendido (2010) de Eduardo Carrera es un videoperformance en el cual vemos al artista, vestido de blanco y pantalones cortos prendiendo pétalos de rosas rojas en alambres de púas, que están dispuestos en una pulcra sala. La obra intercala fotos fijas junto al registro videográfico de la acción, pone en tensión la belleza y fragilidad de las rosas frente a la dureza y el peligro que las púas invocan. El gesto artístico transforma pacientemente los símbolos de represión y prohibición en un despliegue de color y belleza. El video plantea una lectura crítica de masculinidad hegemónica, pero también es una autoafirmación biográfica de la identidad gay del artista en una verdadera “ascesis homosexual” (Halperin, 2004, p. 102).

La artista Marcela Orellana realizó el videoperformance Expiaciones[40] (min., video). La expiación es la remoción de la culpa o pecado a través de un tercero. El sujeto culpable queda absuelto de cualquier pena por medio de un objeto, animal (ej. chivo expiatorio) u otra persona en el caso del cristianismo y algunos cultos antiguos que practicaban el sacrificio humano.

En estas obras se puede vislumbrar una nueva generación de artistas que a través del uso del video están posicionando una serie de discusiones sobre la epistemología del cuerpo, sus usos sociales, sus implicaciones respecto de la orientación del deseo, sus relaciones con los roles de género y su articulación con políticas sociales. En las prácticas de estos artistas, así como de todos aquellos que desde hace dos décadas vienen creando un sólido conjunto de videografías sobre el género y la sexualidad, aguarda un profundo cuestionamiento al arte contemporáneo y la cultura visual ecuatoriana que aún está por descubrirse y valorarse. Su historia subterránea es un síntoma del carácter tradicional, androcéntrico y heterosexista que aún persiste.

[1] (Granda, 1987, p. 34) Tomado de http://fido.palermo.edu/servicios_dyc/blog/alumnos/trabajos/6892_6378.pdf
[2] El tesoro de Atahualpa. Director: Augusto San Miguel. Ecuador 1924.
[3] Un abismo y dos almas. Director: Augusto San Miguel. Ecuador 1925.
[4] Se necesita una guagua. Director: Augusto San Miguel. Ecuador 1924.
[5] Tomado de http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo12/s2.htm
[6] Los invencibles Shuaras del alto Amazonas. Director: Carlos Crespi. Ecuador 1926.
[7] http://www.cinematecaecuador.com/Peliculas/Detalle/1045
[8] El terror de la Frontera. Director: Luis Martínez Quirola. Ecuador 1929.
[9] Se trata de un sistema de cine amateur inventado por Victor Continsouza. Fue fabricado por la empresa francesa de los Hermanos Pathé en la década de 1920.
[10] Encuentros imposibles. Director: Eduardo Solá Franco. Ecuador-España 1959
[11] Consultado en http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/carton-piedra/34/en-torno-a-los-cortometrajes-recuperados-de-eduardo-sola-franco
[12] Don’t Kick the Objects… Please. Director: Eduardo Solá Franco. España 1963.
[13] No patear los objetos, por favor. Director: Eduardo Solá Franco. España 1970.
[14] Boy Bored in the Beach. Director: Eduardo Solá Franco. España 1962.
[15] Op cit.
[16] Hombre. Director: José Tobar. Ecuador-Colombia 1988.
[17] Arte Actual Flacso es un espacio de exhibición, intercambio, diálogo y reflexión sobre expresiones y prácticas de las artes visuales contemporáneas como pintura, videoarte, gráfica, instalación, performance, fotografía, etcétera, con sede en Quito. Pertenece al departamento de Antropología, Historia y Humanidades de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
[18] Adán y Eva en el paraíso de Judith Gutiérrez. Director: Paco Cuesta. Ecuador 1982.
[19] Amina mar. Director: Miguel Alvear. Ecuador 1990.
[20] Camal. Director: Miguel Alvear. Ecuador 2001.
[21] Blak Mama. Directores: Miguel Alvear y Patricio Andrade. Ecuador 2008.
[22] De como se daban poco estos indios de haber las mujeres vírgenes. Director: Miguel Alvear. Ecuador 2013.
[23] Acordaron pues que Atabalipa muriese, tratando entre sí que muerto Atabalipa se acababa el auto hecho acerca del tesoro. Director: Miguel Alvear. Ecuador 2013.
[24] Augusto San Miguel ha muerto ayer. Director: Javier Izquierdo. Ecuador 2003.
[25] http://ostinatocine.com/project/augusto-san-miguel-ha-muerto-ayer/
[26] León Mantilla, Christian. “Cuerpo, género y representación en el videoarte ecuatoriano (1998-2012)”. Cuadernos de Música, Artes Visuales y Artes Escénicas, 11 (2), 201-212, 2016. http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.mavae11-2.cgrv Tomado de http://www.redalyc.org/html/2970/297048612011/
[27] Moncayo, María Belén, en “Improntas mediales desde el no-lugar”. Video en Latinoamérica 146
[28] Moncayo, María Belén, en “Improntas mediales desde el no-lugar”. Video en Latinoamérica 146-147
[29] Baigorri Ballarín, Laura, en “Preservar y documentar: la posibilidad de supervivencia del arte audiovisual”. Moncayo, María Belén, ECUADOR: 100 artistas del audiovisual experimental 1929-2011. Editado por AANME (Asociación Archivo Nuevos Medios Ecuador). Ecuador 2011. 11
[30] Ve-ró-ni-ca. Directora: Jenny Jaramillo. Ecuador 2001.
[31] Sin título. Directora: Jenny Jaramillo. Holanda1999.
[32] Sin título. Directora: Jenny Jaramillo. Holanda1999.
[33] Tea five o’ clock. Directora: Jenny Jaramillo. Ecuador 2015.
[34] Tomado de https://www.youtube.com/watch?v=pdlV8rgFJyU 30 de julio de 2017.
[35] Requiem huao. Directora: Saskia Calderón. Ecuador 2005.
[36] Sinfónica Mocha. Directora: Saskia Calderón. Ecuador 2009.
[37] La ruta del sol: tacos. Directora: Karina Aguilera Skvirsky. Estados Unidos 2006.
[38] Antojo. Directora: Karina Aguilera Skvirsky. Estados Unidos 2009.
[39] Encuentro cercano. Director: Patricio Ponce Garaicoa. Ecuador 2006.
[40] Expiaciones. Directora: Marcela Orellana. Ecuador 2014.